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Entendiendo nuestra relación con la tecnología

Siempre ha sido la tecnología un motor de cambio social y cultural, pero nunca lo había sido como en este momento de la Historia, ni por el ritmo ni por la variedad de tecnologías.

La tecnología tiene el poder de cambiar el status quo en el mercado y hasta el de las instituciones. Empresas que eran líderes desaparecen o quedan reducidas a un papel menos relevante y nuevas empresas acaparan la atención y el valor del mercado. Hoy si miramos los ranking de las 5 empresas más valiosas del mundo, en todos los sectores económicos, encontraremos 3 protagonistas de la economía digital. Apple (nº1), Google (nº 2) y Microsoft (nº 5).

Pero al hablar de tecnología quiero decir tecnología digital que es una tecnología especial porque dentro de si contienen un elemento que la capacita para estar sorprendiéndonos constantemente con hazañas que parecen imposibles. Lo que contiene es la potencia de una progresión geométrica en su interior, la Ley de Moore. Esta “ley” empírica lo que nos dice, y que desde hace 50 años viene cumpliéndose rigurosamente, es que cada 18 meses la capacidad de procesamiento de los microprocesadores se duplica (medido en término de números de transistores encapsulados en un chip) y a un precio que no es sensiblemente superior. Para mostrar los efectos de esta progresión geométrica valga esta imagen sobradamente conocida que compara la tecnología de los años 80-90 y la de 2007 con la popularización de los smartphones.

Como muestra de que esto es solo válido para las tecnologías digitales veamos el ejemplo de la aviación. Si hubiésemos tomado un vuelo de Nueva York a París en 1978 nos hubiese costado 600 euros y hubiésemos tardado 6 horas. Si la aviación tuviese una progresión como la de la Ley de Moore ir hoy de N York a Paris costaría menos de un centavo de dólar y se tardaría menos de 1 segundo. Obviamente eso no ocurre y sin embargo, sacamos con total tranquilidad de nuestro bolsillo un teléfono inteligente con más capacidad de procesamiento de la que tenía toda la NASA cuando en 1969 en ser humano consiguió la proeza tecnológica de visitar por primera vez nuestro satélite y volver.

Quien haya tenido la paciencia de llegar hasta aquí tal vez se esté preguntando ¿qué tiene que ver esto con la educación?. Paciencia, solo estaba cogiendo carrerilla. La verdad es que la tecnología digital también ha llegado a la educación en múltiples formas, desde ordenadores hasta realidad aumentada y seguirá llegando en grandes cantidades según pudimos ver en el pasado SIMO de Educación (impresoras 3D, robots programables, etc). Al igual que hemos visto en otros campos, la capacidad de asombrar que tiene la progresión de esta tecnología nos ha hecho soñar con una educación tecnificada en el que todos los problemas de diluyeran con su magia.

Así, repasando uno de los informes más divulgados, el Informe Horizon que tenía como horizonte a medio plazo (cuatro a cinco años) el 2015 (el Horizon del 2011) veo que en efecto casi ninguna de las tecnologías que predijo a ningún plazo son todavía de uso generalizado (ni el aprendizaje basado en juego, ni la analítica de aprendizaje, ni los PLE, etc). Tal vez la mas acertada hay sido la de contenido abierto pero que tampoco me atrevería a decir que es hoy de uso generalizado.

Más allá de que a mi nunca me han gustado estos Informes ni su metodología de construcción, la verdad es que al evaluar la tecnología y sus efectos los seres humanos cometemos muchos errores. Un  científico y futurólogo Roy Amara lo sintetizó muy bien en una frase que yo tengo siempre presente al juzgar una nueva tecnología: “solemos sobreestimar el impacto de la tecnología a corto plazo y subestimar su impacto a largo plazo”.

Esto se basa en una característica del ser humano que es diferente de la tecnología. Nosotros pensamos bien en términos de progresiones aritméticas (cada término se construye con la suma de una cantidad fija al término anterior), por ejemplo si vamos a 100 km/h en coche sabemos que tardaremos 5 horas en llegar a un destino a 500Km pues cada hora sumamos 100 a la cuenta e igual hacemos con casi todas las previsiones presupuestarias y con muchas previsiones de nuestra vida. No podemos pensar en términos de progresión geométrica, no estamos preparados, por eso no estamos preparados para las sorpresas que no da la tecnología digital (a largo plazo). La historia o la leyenda  de Sissa y la creación del ajedrez es la historia que mejor describe esta imposibilidad. El caso es que una progresión aritmética, cuando la expectativas son altas,  crece al principio más rápidamente que una progresión geométrica y por eso al principio hablamos mucho del vuelco que va a dar el mundo por una nueva tecnología (sea esta la movilidad,  Internet de las cosas o el Big data) y cuando estas no se cumplen a corto nuestras expectativas de progresión aritmética nos decepcionamos y dejamos de creer en esa tecnología y pasamos a otra. Sin embargo, aquella sigue evolucionando a un ritmo de progresión geométrica, lento al principio y exponencial al final, y un día irrumpe cuando no la esperamos y nos da incluso más de los que habíamos previsto.

Por eso nuestra relación con la tecnología es emocional a la vez que racional (incluso más emocional que racional) y eso hemos de tomarlo en consideración cuando hagamos previsiones del impacto de la tecnología en la educación o en cualquier otra área de la vida. La consultora Gartner reflejó esta “montaña rusa” de sentimientos frente a la tecnología en su “curva hype de expectativas” que publica cada año y en el que podemos ver las tecnologías de las que más se habla, las que más molan, de las que más se espera en la cresta y aquellas que fueron famosas y que han caído ya en lo que llaman la “sima de la desesperación” (ya nadie espera tanto de ellas), ya no hay tantos eventos sobre ellas, ni tantos artículos, pero siguen evolucionando calladamente y vuelven al cabo de los años a ser protagonistas eficientes del avance de la sociedad. Aquí puede verse la curva del año 2014 y los tres estados emocionales respecto a diferentes tecnologías en ese año.

En conclusión, vamos a vivir muchos años oyendo hablar de nuevas tecnologías, sean esas TIC, biotecnologías, nanotecnología, ciencias del cerebro (las cognotecnologías)  y hemos de tener la serenidad de pensar en ellas sin ser ni apocalípticos ni buscadores de paraísos tecnológicos a corto, pero también sin despreciar la capacidad de transformación que contienen todas las tecnologías a largo plazo y en especial esas de las que ya no hablamos pero que siguen evolucionando, y que volverán de una forma u otra, ¿o crees que ya se dijo la última palabra sobre los mundos virtuales con el fracaso de Second Life? O ¿por qué crees que Facebook pagó  2.000 millones de dólares por una empresa que era solo un proyecto con un prototipo recaudando dinero en Kickstarter, como fue Oculus Rift?

Estate atento, la tecnología sigue evolucionando pero casi toda la que nos va a afectar a corto plazo es aquella que ya hemos casi olvidado.

Por José de la Peña Aznar (@sandopen)

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Publicado el 21.12.2015 por Juanmi Muñoz

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